Zemmoa: El baile, antídoto a los recuerdos

Zemmoa

NNVAV, iniciales de Nada va a vencernos, titulan el último álbum de Zemmoa, y aunque estrenado en diciembre de 2015, nuestro descubrimiento de apenas semanas ha bastado para hacer justicia y confesar una creciente devoción.

En sincronía a los nuevos tiempos, Zemmoa ha construido una obra musical desde la independencia: su último disco estuvo amparado por una exhaustiva labor de crowdfunding y el sonido que lo define aboga por la sofisticación, una base electrónica que en cada canción coquetea con distintos ritmos y paisajes.

Cada vez más desprendida del ya obsoleto discurso que encierra a la cultura trans en una parodia al mundo del espectáculo, Zemmoa sabe bien que la identidad de género no es el prisma de sus canciones, sino un elemento que se pliega al interior de ellas para enriquecerlas. Así, aprovecha su etéreo tono de voz para impregnar de misterio cada pasaje, y se acerca a propuestas tan brillantes como Hercules & Love Affair, y a la figura de Nomi Ruiz, que miran a la vida nocturna y su herencia musical desde una perspectiva más amplia. Si se quiere, La Prohibida y el buen álbum 100k años luz (2015) podrían enumerarse como otras evidencias de una búsqueda artística que abandonan la obviedad.

NNVAV se abre en un paraje tropical, “Es para ti” saborea el ritmo latino y nos entrega una oda al buen amor, que imaginamos paradisíaco. Pero al instante, “Ciencia ficción” nos sitúa en medio de la noche, Zemmoa conjura fenómenos astrales y viajes en el tiempo para recobrar lo perdido. Nosotros le acompañamos, en una canción que se antoja oscura y helada.

 

La herencia disco brilla en “+D10”, otro juego de palabras que a los dos minutos nos recuerda el rap que haría Debbie Harry en “Rapture”, de Blondie. Un ritmo ascendente nos obliga a bailar como antídoto a los recuerdos.

“Hombre de hojalata” nos trae la que ha de ser la letra más dulce y ensoñadora del álbum. En una fácil referencia a El mago de Oz, imaginamos la travesía de Zemmoa para devolverle un corazón a su metálico amante, mientras canta “Deberías tú ser más feliz, si valoraras lo que di por ti, deberíamos vivir mejor, sentir el calor, mirar al sol”. Pero el destino, a veces inconmovible, separa aquellos personajes como ha sabido hacerlo en nuestras historias, dejándonos sin más que buenos deseos para continuar el camino.

 

Sin concesión a la nostalgia, la recta final del disco contiene un capricho kitsch llamado “El Alacrán”. Tintes árabes decoran la canción de Zemmoa que bien podría hermanarse a “Ojos así” de Shakira o a “Kiss Kiss” de Tarkan, en un coro tan pegajoso como aquellos hitos noventeros. Hay un alacrán en la pista de baile, ¿acaso nos es familiar su veneno? La música es la única salvación, el alacrán, amiga, el alacrán.

 

En su despedida, NNVAV nos entrega un himno. Descaradamente optimista, “Nada nos va a vencer” es una invitación a bailar bajo la lluvia, recibir lo que se avecine y hacer de ello una celebración. Si el disco ha hecho su efecto, esta canción nos colmará de emoción y quizá se convierta en un talismán, y si no, al menos nos permitirá reconocer en ella el manifiesto de Zemmoa, una artista resuelta, tanto en su obra como en la construcción de su identidad.

Levantando las manos hay que mandar amor,
¡Hacia el cielo, hacia el suelo, hacia alrededor!

Aquí pueden escuchar el disco completo:

 

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Diseñador de oficio y fotógrafo de vocación. Entusiasta de la música independiente, principalmente la que nace en Latinoamérica. Amante de la poesía y las películas donde solo hay diálogos.


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