‘Hopelessness’: la canción protesta y el ornamento electrónico

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Antony Hegarty ha muerto. De los escombros, su resurrección mesiánica nos devuelve un rayo más potente: Anohni.

A su regreso, esta poderosa voz ha encarnado la condición femenina, Anohni es la profeta en una cruzada que ha de sentenciar los tiempos modernos. Por vez primera, su obra abandona el ostracismo y, en una armonía entre crudeza y poesía, canta al ecocidio, a la guerra, al espionaje, a la pena de muerte, al genocidio y hasta al presidente, en el retrato de un mundo en destrucción. Su metamorfosis también ha conjurado los arreglos electrónicos: esta vez desea que su mensaje no sea tratado con la frialdad de la contemplación que exigía su obra como Antony and the Johnsons, sino más bien con la energía y el alma disco de las canciones que alguna vez hizo para Hercules & Love affair. Sin un ápice de sosiego, Hopelessness es el nombre del álbum que reúne los cambios que Anohni ha experimentado y que responden a las transformaciones mismas del mundo, a su mutación y su incertidumbre.

“4 DEGREES”, la primera revelación, apareció en diciembre de 2015 a propósito de la Cumbre del Clima en París. En esta oda a la destrucción, Anohni confiesa sus fervientes anhelos de oír a los perros llorando por el agua, y a cada animal agonizando en un planeta que arde, en una dolorosa analogía al calentamiento global que hemos propiciado, y hasta deseado, pues el silencio nos convierte en cómplices, artífices del ecocidio. “4 DEGREES” es un grito estremecedor que se vale de la afilada producción de Oneohtrix Point Never y Hudson Mohawke (aquí desconocidos hasta su alianza con Anohni) para alcanzar un volumen épico.

 

En un relato aún más siniestro, “Drone bomb me” retrata la violencia desde una lacerante primera persona. Anohni es ahora una niña que implora morir en un ataque de drones, pues sepultadas están ya su familia y su tierra. Pareciera revelarse una cruda novedad, pero al pensarlo dos veces, es la historia que se cuenta día tras día en los noticieros. La estructura indiscutiblemente pop y la participación de la misma Naomi Campbell en un simbólico videoclip, nos confirma que Anohni ha decidido teñir el pop de declaraciones políticas, un género que ha querido permanecer ajeno al horror, lo mira ahora de frente; acercándose como nunca al movimiento punk.

 

La crítica al gobierno norteamericano es una constante en Hopelessness, y en “Watch me” nos referimos a éste como “Daddy“, en un descarado recurso pop que luce coqueto cuando intenta dar un nuevo nombre al Gran Hermano. Aquel Daddy es pues, el órgano que vigila sin descanso nuestros movimientos: cada chat, cada rincón de internet, la pornografía que frecuentamos, cada hotel reservado. Y sabemos que la invasión a la privacidad es una manifestación del amor: “Protecting me from evil, protecting me for terrorism”.

En “Execution” nos enfrentamos a una base electrónica que quisiera suavizar el objeto en cuestión: la pena de muerte. Anohni la describe como El sueño americano, en otro juego de palabras, pues es bien sabido que en un gran número de países democráticos se ha abolido esta práctica, mientras en Estados Unidos es casi un ícono de su justicia implacable. En un brillante ejercicio, “Execution” explica las máscaras de humo que nos alejan de la realidad, pues en su invitación al baile se ahoga la crueldad, y el estribillo pop bien podría hacernos olvidar la gravedad de lo que allí se cuenta.

 

“Obama” resulta ser la pieza más solemne del álbum. La distorsión en la voz de Anohni y un paisaje sonoro que se complejiza a cada segundo fijan el perfecto vehículo para transmitir una afligida carta al presidente de Estados Unidos, enunciando como ninguna la intención de Hopelessness: trasladar el más íntimo sentir, a la conciencia colectiva. La esperanza que alimentó una campaña electoral es al final de su gobierno, la más honda desilusión.

All the hope drained from your face, like children we believed, all the hope drained from your face, Obama”

“Violent Men”, el interludio del álbum, es un mosaico de sonidos étnicos y ruido blanco, como el himno de un no-lugar, que nos recuerda algunas secuencias de Crystal Castles, y nos cuestiona por primera vez si acaso el dúo canadiense ha sabido construir una reflexión social. Otra referencia inevitable que se ciñe sobre el álbum: distintos pasajes contienen un seco golpe electrónico, un relámpago que revela la figura de Björk. No ha de ser fortuito, pues ha existido entre ambas artistas una profunda amistad y una serie de colaboraciones a lo largo de los años. Hopelessness se hermana entonces a Vulnicura (2015), un disco que ha hecho del duelo un relato universal; pero es quizá Homogenic (1997) el verdadero ancestro de Anohni, en cuanto a la carga política que en él se anuncia y al ímpetu de su producción, las más afiladas bases electrónicas acompañando un feroz tratamiento de la voz.

La única pieza que podría escapar a la canción protesta y refugiarse en la historia de amor, nos enseña más bien que en cada sentimiento reside un acontecer político. Si nos fijamos con atención, “I don’t love you anymore” es la canción que declara la condición femenina de Anohni, “You left me for another girl”.

El tramo final del álbum entabla cercanía con la muerte, pero encuentra allí presencias luminosas. “Crisis”, es una estremecedora conversación: Anohni pregunta a su interlocutor, qué sentiría si acaso su madre muriera por una bomba, su hermano fuese torturado o su tierra devastada. Aquel interlocutor soy yo, nosotros, y de cada pregunta florece la compasión que aún en la desesperanza, Anohni se empeña en sembrar.

En una colección de himnos al apocalipsis, “Marrow” es la insignia por excelencia de esta aldea global que sentencia “We are all americans now”. Un juicio severo que esconde un llamado a la identidad. Por su parte, la canción “Hopelessness” en su inconstante estructura, es un retrato al desasosiego, allí se reúnen desde violines hasta el registro de una tormenta o una multitud, para vertir la punzante inquietud: “How did I become a virus?”.

Pero la raíz del álbum y la tesis que en él se elabora, reside en una única pregunta, “Why did you separate me from earth?”, canción favorita, y la que en contra de cualquier pronóstico ofrece un halo de esperanza sobre las ruinas que Anohni ha conjurado. Acaso Dios, acaso nuestros padres, desde la infancia una fuerza externa nos ha desnaturalizado de la vida que existe más allá de la raza humana, hemos aprendido a vivir ajenos al misterio que nos rodea, con la convicción de reinar sobre el territorio que ocupamos, dominación y exterminio antes que coexistencia. Anohni nos señala entonces, que si ahondáramos en el origen de nuestro desarraigo tal vez encontraríamos la esperanza perdida. Ahí está el misterio.

 

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Diseñador de oficio y fotógrafo de vocación. Entusiasta de la música independiente, principalmente la que nace en Latinoamérica. Amante de la poesía y las películas donde solo hay diálogos.


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