Alex Anwandter: ‘Amiga’, un manifiesto desde la pista de baile

Alex-Andwanter

Con el anuncio de Siempre es viernes en mi corazón”, canción que ahora inaugura el nuevo álbum de Alex Anwandter, supimos que en él cabría una suerte de declaración política impregnada de invitaciones al baile. Lo que no adivinamos, es que trascendiendo la militancia gay, Amiga se propone elaborar un retrato más vasto, a partir de las construcciones sociales que oprimen, y marginan, a más de un individuo. No es un capricho la esencia disco de la canción, pues el afán de libertad que potenciaría aquellos sonidos es tan oportuno a la fecha como supo serlo en los años 80.

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Al himno que ya conocemos, le releva una canción más punzante. Como un clásico futuro, “Cordillera” estremece desde su título: nuestra extensión geográfica es la metáfora para señalar aquel misterio que nos hermana y aprisiona. Años atrás, cuando Alex Anwandter estrenó un álbum bajo el nombre de Odisea, ya cavilaba sobre esta figura: “Me castiga la muralla de los Andes, una sombra que me sigue a todas partes”, intuía en “Nuestra casa de violencia”, y esta vez, aún más incisivo, se pregunta si la tierra que nos vio nacer es la misma que nos maldice. Los niños que fuimos miran a los hombres que intentamos ser, bajo fuerzas políticas, militares y económicas que nos segregan. En su perfección cabe otro dardo, “Mercurio miente”, ¿hablamos quizá, del diario El Mercurio?

 

Visitando pasajes menos deslumbrantes, “Traición” se ahoga en un sonido deliberadamente sucio, quiere contarnos una historia de amor y machismo, pero ni el buen coro femenino del final logra reconciliarnos. Tampoco se salva “Amiga”, que a pesar de dar nombre al disco, no es más que un despropósito. Su insufrible base electrónica, cercana a las más facilistas melodías radiales, arruina cualquier profundidad en la letra. Aquí hemos decidido esperar a una versión acústica para querer entenderla.

La redención verdadera se llama “Mujer”, un cuento antiguo se refresca en el pop desenfadado que viene a recordarnos lo mejor de Miranda! (un fantasma en todo el álbum, pues cada coro parece, o fue, hecho por Juliana Gattas). “Que estás viviendo en un mundo de hombres, y en este mundo mi palabra es la ley”, nos dicta Alex con severidad, mientras la melodía ironiza un discurso arcaico, que tristemente prevalece en tantos escenarios.

 

Casi a capella, “Manifiesto” se desprende del ornamento electrónico para ser el corazón del álbum y portador por excelencia del mensaje que Alex ha querido materializar. “Hoy soy mujer, el maricón del pueblo, aunque me prendan fuego”: un poema escueto que, bien valdría relacionar a la figura del escritor cubano Reinaldo Arenas y su autobiografía Antes que anochezca; él, en su condición de ateo, homosexual y opositor político, encarnó la disidencia absoluta y supo tejer un bello discurso revolucionario, a partir de la exposición de la intimidad y la corporeidad. En la teatralidad de Alex se reúnen las voces de “bichos raros”, los marginados e incomprendidos, para sentenciar “Que lo justo no es normal, defiéndete no más”.

 

Como si la música de Juan Gabriel abandonara el hedonismo y aspirara a la crítica social, las canciones que restan en Amiga cumplen con devoción la fórmula de aquellas baladas pero brillan en sus cuestionamientos. “El sonido de los corazones que se quiebran” nos enfrenta al desamor, pero en su hondura sentencia: “Que uno nunca sufre como los que sufren de verdad”, y ese entendimiento convierte la amargura en un dolor universal, nuestro sino solitario.

“Caminando a la fábrica” sublima el dejo proletario que se intuye en el disco, no en vano Alex ha vestido un uniforme gris en sus últimos conciertos, y en la portada misma aparece como el obrero de una fábrica imaginaria llamada Amiga. Tan fácil es reconocernos en esta historia, nuestro ha sido el amor que endulza el día a día, entre acciones mecánicas y jornadas laborales, alguna vez hemos encontramos la poesía, una ilusión nos ha mantenido a salvo, nos ha distinguido de las máquinas.

 

Pero el desasosiego encarna nuestra despedida, “Te enamoraste” es un epílogo al abandono. Y a qué llorar, nos decimos, si los ríos no detienen su caudal, y quedan días por levantar. Comprendemos entonces: Amiga, la palabra que nos ha convocado, enuncia un vínculo, allí está el puente entre el sentir individual y el pensamiento colectivo. Mientras el mundo se empeña en dividirnos y clasificarnos, aflora en nosotros un afán de cercanía, la intención de reconocernos en otros y unirnos a ellos para encontrar un sentido, para huir de la muerte en vida y negar que sea la inmensa soledad, nuestra verdadera y última Amiga.

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Diseñador de oficio y fotógrafo de vocación. Entusiasta de la música independiente, principalmente la que nace en Latinoamérica. Amante de la poesía y las películas donde solo hay diálogos.


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